¿ACASO SON MIS ANSIAS SOMNOLIENTAS?
-----Lo vi entrar a la casa funeraria, subiendo la escalinata....!!sí!!, era él, aunque parecía
algo más alto; su espalda más precisa. Me preguntá si acaso lo estaba confundiendo.
Enfoqué mejor la mirada y ví su esclava de oro que jugaba en la muñeca al ritmo de su
braceo. Yo sabía que esa esclava tenía una historia. En realidad mi mente no definía
con claridad el contenido de la historia, pero cierto rincón de mi vaga memoria
guardaba la imagen de aquel metal trabajado en finos eslabones. Luego el medio perfil
de su rostro sobre el hombro delató con seguridad su esencia. Mi corazón empezó a
latir con pesadez y sofocante arritmia.
Subía el tercer peldaño. ¡Ese traje fino, negro impecable y antiguo como lucían en la
fotografía del bisabuelo Tomas!. Su bigote grueso y bien definido cubriendo su labio
superior. Pensé que el difunto o difunta al cual despedían ahí era gente adinerada y
tal vez muy conservadores. Brotaron de mi mente las imágenes de acciones, tiempos y
lugares donde yo había visto a ese hombre. Bueno... no sólo visto, también acariciado;
tengo tan vivo el recuerdo del aroma de su piel. Si, su piel limpia y húmeda, restregándose
a mi cuerpo...........
-----¿Qué mas, Lola?. Te quedas mirando al infinito. Te callas en lo más emocionante.
-----Él seguía subiendo, pisaba el quinto escalón........Eugenia, ¿tú crees en el amor?.
Digo, en el amor más allá de las eternidades.
-----¡Hay Lola!, pues no sé. Puede que a media eternidad aparezca alguien mejor…..y
Bueno; el amor también nace y se muere, aunque a veces sigue una con el mismo
mono; por costumbre, por miedo, por necesidad. Puedo comparar el amor con
unos zapatos nuevos; a veces duele amoldarlos a tu pie. Los presumes, los usas, los
gastas. Si de veras te gustan o no tienes mas, pues los remiendas......, como a veces
lo hacemos con el amor. ¡El amor es mágico, Lola!. Puede encumbrarte, y su ausencia
puede sepultarte. Y ¡cuántas mujeres riegan con lágrimas su propia sepultura!.
Anda sígueme platicando de ese hombre; de ese amor que tenías tan callado, ¡Me
tienes emocionada!, ¿dónde lo conociste?.
------En.......mi almohada tibia, en mis ansias nocturnas, en el infinito imaginario de ésta
mirada ausente que llora con frecuencia queriendo materializar los sueños; extender
mi mano y tocar sus ojos, pasar mi dedo índice por sus labios y sentir que sus brazos
me aprisionan contra sí.
-----Lola querida, toma este pañuelo, sé que tus lágrimas son de emoción porque encontraste
al hombre de tus sueños. ¡Te envidio amiga!.
-----¡ ¡ ¡ Él está muerto Eugenia! ! !.
-----¿Quieres decir que lo sepultaste en la tumba del olvido?. Ya sé; ahora que aparece,
remueve las cenizas.
-----Antes de pisar el sexto escalón, pareció que sentía mi mirada; adelantó la pisada y
volteó a mirarme. ¡ ¡ ¡Dime cómo, Eugenia! ! !, ¿cómo puedo olvidar la profundidad
de sus brillantes ojos negros; cómo pozos que absorben mis sentidos, cómo espejos
dónde yo podía reconocerme. Sólo en ellos era yo misma; desnuda de ataduras. Dis-
puesta a ofrecer lo que él me había enseñado. ¡ ¡ Por favor dime cómo ! !. Si él existe
antes que mi conciencia. Me sonrió y guiñó un ojo. No me caí porque estaba sostenida
en la portezuela de mi coche que ahí había estacionado y me disponía a caminar
una cuadra hacia la universidad, cuando un imán me obligó a voltear y ahí estaba él, a
pie de escalera; muy seguro de sí y conocedor de mis sentimientos. Giró de nuevo y
siguió escalando. Yo estaba inmóvil. Casi terminaba la escalinata cuando intenté gritarle:
¡¡ espera!!, pero mi garganta se negó a emitir sonido alguno.
Respiré profundo. De golpe cerré la portezuela y empecé a subir. De pronto me inquieté
pensando cómo lo iba a abordar. ¿Qué pensaría él de mí?, ¿qué pretexto usaría
para acercármele. Tal vez él no entendería mi necesidad de verlo, hablarle, tocarlo,
pero también me era urgente aclarar tantas cosas.
Seguía subiendo; mis dedos temblorosos se prendieron del pasamanos metálico con
ángeles y trompetas. Dudé si sería bueno presentarme ante él así nada más, vacía de
argumentos aunque llena de preguntas. Pareciera que la vida puso a prueba mi valentía
pero éstas alas sofocadas se negaban a subir.
Eugenia, ¿cuántas veces te he platicado mis sueños, dónde éste volcán interno vierte
sobre las sábanas mis sentidos mas intensos y esa lava de su volcán provocan incendios
en mi cama?. Y verlo ahí, real, caminando y sonriéndome. Como podrás entender,
yo no podía ignorar su presencia; porque desde siempre me he sentido unida a él;
nos hemos conocido tanto.
Pensé que podía ser mi locura pero he amado tanto al hombre de mis sueños. Y si loca
he vivido, loca quiero seguir viviendo. Porque de ésta locura se alimenta mi realidad.
Terminé de subir; mis ojos buscaban con discreta ansiedad entre los presentes.
Había pequeños grupos de gente charlando tranquilamente. Avancé a media sala. Al
fondo había dos mujeres con cara de tristeza junto al ataúd. Me acerqué; voltearon a
verme y una de ellas me sonrió y dijo: ¡que bueno que llegaste!. La miré. No quise
decirle que me estaba confundiendo, tampoco quería ser interrogada. En ese momento,
lo que ansiaba era encontrar a ese hombre de mis tantos sueños. Volteé a ver el ataúd y
consecuentemente su contenido. ¡ ¡ ¡ Ahí estaba mi hombre adentro! ! !, con su traje –
fino, antiguo y negro impecable. Cuánta locura había acumulado en mi cerebro o
cuántas ansias de amar reprimidas.
Giré media vuelta para salir. ¡Necesitaba respirar más aire!, pero me topé con la mesita
donde tenían una fotografía rodeada de veladoras; ¡¡ahí estaba él, en esa fotografía a –
blanco y negro!!. Era él mismo......, él.
------Lola me asustas, no puede ser, ¿ y luego ?.
------Estaba vestido de novio y abrazaba a la novia, ¡¡ era yo, Eugenia !! ; también yo estaba
en la fotografía, ahí junto a él. Yo usaba el vestido de novia de mamá que aún guardo
en el armario. De él brotaba el amor en su mirada; como la verde magia viva se inclina
a reverenciar al sol. Ayer me amó....aún dormía, y sus ojos, como dos luciérnagas en
la oscuridad encendieron mis motivos.



